U
n rasgo formal unifica estos tres libros, los primeros de Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramenet, 1975), agrupados en Ladino : el uso del poema en prosa, por lo general breve y rotundo, de aires gamonedianos. En Ixtab , las composiciones adoptan suaves -y ocasionales- perfiles versales: del bloque compacto surgen, a veces, como versículos. En Ipalnemoani , la parte final de la trilogía, los poemas se alargan perceptiblemente. El poema en prosa constituye un rasgo de modernidad: su discurrir exonerado de las pautas métricas, rítmicas o estróficas tradicionales se adapta mejor al fluir del pensamiento y transcribe con mayor nitidez la respiración del poema en construcción, que es lo mismo que decir de la conciencia en construcción.
Otra característica llama la atención en Ladino : la adjetivación poderosa. Los epítetos de Joan de la Vega no buscan meramente calificar a los sustantivos a los que acompañan, sino muscularlos, subrayarlos con violencia. Al poeta le gusta practicar los contrarios; por eso hallamos frecuentes oxímoros: «grito estático», «nocturno día», «luz negra». La poesía de Joan de la Vega aspira a repujar la realidad, a hacer más viva la vida, a dotar de pasión y sentido a lo que decae o palidece. Es una poesía tensa y desesperada, sabedora de que todo fluye, de que todo se desmiente y escapa, y que quiere retener, habitar, respirar cuanto lo rodea. Quizá por eso también practica aliteraciones, puntadas sonoras que aspiran a traer a la página el sonido verdadero de lo evocado: «Zurzo el cuerpo vagabundo del cierzo»; «y el temor: rumor de olas en la retina sin lumbre».
El rasgo principal de Ladino es, no obstante, la violencia de su dicción. En sus poemas abundan términos como «vacío», «muerte», «ausencia», «nada», «sangre» y, en general, palabras con connotaciones negativas, de ruptura o confrontación. Así reza un poema de Ipalnemoani : «Las heces coronan el silencio de la calle. Enmudecen los úteros de las sombras. / La memoria aguarda la nada. La nada nace en la luz. / La luz muere de luz. Luz fratricida». Es significativo que Ixtab , el título de su segundo poemario, sea el nombre de la diosa maya del suicidio. También que abunden los términos compuestos por el prefijo «des-», como signo de pérdida o desposesión: «En tierra de nadie desmenuzo desalientos, para pronunciar el nombre del dios deseado al descubierto», reza un poema de Ixtab . Cabe reseñar asimismo la referencia, explícita, al Unamuno más desgarrado: «¿Qué debo hacer con este resentimiento del sentimiento trágico de la vida?», lo que nos lleva a otro de los motivos que aletea en estas páginas: el aliento de Dios, la pugna con la fe, acaso como desafío, acaso como salvación. En Inti-huatana son remarcables las imágenes asociadas al naufragio -"el arte de naufragar", "la luz del naufragio"-, que también aparecen en Ipalnemoani, donde se integran en un conjunto de poemas de tema marino. El mar, antiquísima metáfora, representa simultáneamente la libertad y la muerte, el amor y el dolor, el tiempo y la extinción del tiempo.
Ciertos motivos o temas aparecen de forma recurrente, como ventanas en el pozo de oscuridad que es Ladino , como hebras que constituyen el ser o como puntos de fuga, hacia los que se dirige la voluntad reconcentrada del poeta.
En primer lugar, la memoria, en particular de la infancia y la adolescencia, espacios de pureza, libres de dolor. En uno de los primeros poemas de Inti-huatana , apoyándose en un sintagma que es, en realidad, el título de un libro de uno de sus poetas tutelares, Emilio Prados, escribe: «Desde un cuerpo perseguido se presienten -con gran exactitud- los nombres propios del recuerdo».
En segundo lugar, el amor, siempre con un fuerte componente erótico, y siempre quejoso de la ausencia y el desengaño, lo que constituye otro polo de tensión: de sufrimiento. En esta pieza de Ipalnemoani, la evocación amorosa se sustenta en un uso muy pertinente del lenguaje local: «¿Quién se interpone a la visión de ti, torso de guardabarranco, dédalo de sacuanjoche, milpa de maíz? Tu rostro náhuatl nada en los márgenes de mi voz».
En tercer lugar, los ojos y la luz. Ladino es una voz que mira, una poesía que ve. Casi todos sus poemas aluden a lo cromático y lo visible, a lo luminoso o lo oscuro: otro modo de aprehender la realidad. Las pupilas del poeta son membranas fotosensibles; es más, son prensiles, como manos. En Ixtab , por ejemplo, leemos: «Ojos que no atrevo a mirar fijamente, que han desgastado el aliento. / Ojos que hablan de piedras rotas en los rostros de la noche, que perforan océanos de luz para buscarse. / Ojos que no hallarán las respuestas de un hombre aguado». Los motivos del amor y de la luz se aúnan en un viejo tópico, de origen trovadoresco, que aparece en varios momentos del libro: la albada, el lamento por la llegada del amanecer, que rompe el hechizo de la noche con la amada. En Inti-huatana encontramos esta composición, que no por casualidad lleva el epígrafe «coitus»: «De madrugada, un sexo herido brama oscuridad. Sin lugar a luz».
Por último, la ciudad: De la Vega es un poeta urbano. Su mundo es el de las calles y las plazuelas, el de los bares y los neones, el de los pubs y los transeúntes que pasan, espectrales, por las aceras. El mundo de la urbe se constituye en correlato objetivo de su interioridad: significa, con su carácter laberíntico y cerrado -y generalmente nocturno-, su propia confusión y su propio abandono. No hay en él deliquios rurales, sino un descarnado vagabundear por las suciedades de la ciudad, en cuya descripción -basuras, excrementos- se advierten ecos del Leopoldo Mª Panero más escatológico. En Ixtab esta ciudad es Managua, a cuyo manifestarse en la página coadyuvan numerosos nicaragüesismos. La noche, a la que llegamos por la vía de la oscuridad, pero también por la vida canalla recogida en muchos poemas, nos abre los motivos del sueño y del despertar, que vinculan a Joan con la estética surreal, libérrima e indagatoria.
Un último rasgo caracteriza la poesía de Ladino , vinculándola asimismo con la contemporaneidad: la reflexión metapoética. De la Vega es consciente de estar escribiendo; sus poemas hablan, pues, de sí mismos, de su enigmática e instantánea constitución, además de hablar de muchas otras cosas: «A raíz del poema, del otro, me esquivo. Niego el verbo a la mirada. Sorbo el muñido del aire...», dice la primera pieza de Ipalnemoani . Y en Inti-huatana encontramos un poema en gallego, como también los escribieran Lorca y Valente.
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