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De ferias y festivales literarios en Buenos Aires

Ramiro Vicente, corresponsala austral

M

eses atrás, cuando envié los apuntes sobre la poesía porteña contemporánea, hacía referencia a Buenos Aires como una ciudad poética. Más allá del particular calificativo, no hablaba sólo de autores y obras publicadas ni me refería solamente a la poesía. La actividad literaria es constante en esta ciudad y, detrás de aquella delantera de nombres y títulos -a los que hay que sumar los que corresponden a la narrativa y otros géneros-, existen también lugares de acción y otro tipo de producciones, fundamentales, que mantienen lazos con la historia.

En el primer semestre se sucedieron dos encuentros que se repiten año tras año y que se han consolidado -el primero, hace décadas; el segundo, en poco tiempo- como los más importantes que se realizan en la ciudad en el ámbito literario. Siendo visitados por autores que cualquier anfitrión envidiaría y con una convocatoria que excede los márgenes del país, ambos eventos encarnan formas, canales, públicos y hasta ideologías distintas. Pero los dos son puntales de la agenda literaria y cultural de Buenos Aires y, debido a la importancia y el interés que cada uno representa, es oportuno acercarse a ellos un poco más.

 

La fiesta oficial

Es curioso el fenómeno de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, considerada la más importante de Latinoamérica y reconocida internacionalmente: la visitan por año más de un millón de personas, pero una encuesta hecha en abril por la revista Ñ (la revista cultural del diario Clarín ) reveló que el treinta por ciento de los argentinos no leyó ningún libro en los últimos seis meses y el cuarenta por ciento sólo leyó entre uno y tres. Otras encuestas del mismo signo son más aterradoras: señalan que más de la mitad de los argentinos no leyó un solo libro en el último año. De igual manera, la encuesta de Ñ indica que nueve de cada diez personas poseen libros en su casa, aunque en los últimos seis meses el cincuenta por ciento de la población no compró ni un libro, y del otro cincuenta, la mitad compró entre uno y dos (seguramente en la Feria ); por último, afirma que en los últimos doce meses el setenta y cinco por ciento de los argentinos no asistió a ninguna biblioteca.

Los directivos de la Fundación El Libro -en donde se agrupan la Sociedad Argentina de Escritores, la Cámara Argentina del Libro, la Cámara Argentina de Publicaciones, el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio, la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines, y la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines-, encargados de la organización de la Feria , responden que, aun con este panorama, el encuentro ha ido creciendo en forma constante hasta convertirse en el hecho cultural más importante del país, demostrado por el aumento progresivo en la cantidad de público que lo visita, que ya sobrepasa al millón de personas, por la cantidad de participantes (1424 expositores de 34 países el último año) y por el volumen de ventas que abarca. Esto dio lugar a que la Feria se haya tenido que trasladar del pequeño Centro Municipal de Exposiciones al antiguo local de la Sociedad Rural Argentina, un enorme predio ganadero en el barrio porteño de Palermo convertido en un espacio para eventos de nivel internacional.

Un hecho destacable y poco conocido se relaciona con los actos previos a la apertura al público. Todos los años se realizan las Jornadas Internacionales de Educación, las Jornadas de Profesionales del Libro y la Reunión Nacional de Bibliotecarios, encuentros en los que los diferentes actores de cada sector aprovechan para discutir los problemas y desafíos del mundo del libro y la lectura. Estos jornadas han cobrado gran valor debido a la posibilidad de reuniones de primera mano entre sus participantes, siendo el lugar y el momento que esperan los editores extranjeros, en su mayoría europeos y norteamericanos, para conocer nuevos autores y adquirir derechos que se puedan transformar en futuras ediciones en sus países. Este símil en pequeña escala de la Feria de Frankfurt es muy apreciado por los integrantes del mundo del libro y se dan cita en él como en un pequeño retiro antes de la llegada del gran público.

Pero lo más atractivo de la Feria siguen siendo las visitas, que propician el encuentro y reencuentro con sus lectores. A lo largo de los años, no han dejado de visitarla varios de los autores más importantes. Algunos nombres: Paul Auster, Susan Sontag, el idolatrado Ray Bradbury, David Lodge, Martin Amis, José Saramago, Ítalo Calvino, Claudio Magris, el historiador Roger Chartier, Gilles Lipovetsky, Edgar Morin, el filósofo esloveno Slavoj Zizek, el belga Illya Prigogine y los españoles Camilo José Cela, Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán, Rosa Montero, Arturo Pérez-Reverte (a quien se lo puede encontrar recorriendo incesantemente las librerías de antiguos del centro de la ciudad) y hasta el juez Baltasar Garzón, quien ha presentado aquí su libro "Cuento de Navidad" a sala llena. A estos nombres hay que sumarles el de los latinoamericanos, como Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Jaime Baily, José Donoso, Jorge Edwards, Antonio Skármeta, el poeta Gonzalo Rojas, el colombiano Fernando Vallejo, Eduardo Galeano, Mario Benedetti, el poeta boliviano Jorge Campero, que en el año 2005, con bajo perfil, presentó su excelente Jaguar azul, y los brasileros Jorge Amado y Vinicius de Moraes, figuras muy queridas entre los argentinos. También este año participaron nuevos nombres: por primera vez estuvieron en la Feria los españoles Román Gubern y el esperado Enrique Vila-Matas, el británico de origen pakistaní Hanif Kureishi y la norteamericana Siri Hustvedt, y volvió a Buenos Aires el portugués, eterno candidato al Nobel, Antonio Lobo Antunes.

Si las visitas internacionales representan una parte importante de las expectativas, la relación con los autores argentinos es, en cambio, ambivalente: por una lado, éste es el sitio del reconocimiento oficial y en el que la industria presenta su mejores nombres y títulos del año: por la Feria han pasado los mayores nombres de la literatura local, empezando por los de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato, continuando con los de Juan José Saer, Juan Gelman, Ricardo Piglia, Héctor Tizón y Tomás Eloy Martínez (quien inauguró la última edición), hasta llegar a los más contemporáneos, como los de Alan Pauls, Marcelo Cohen o Carlos Gamerro, por nombrar sólo algunos de todos los que pudieran ser registrados como parte de la literatura argentina de los últimos treinta años. Pero por otra parte, siguen estando fuera del circuito "oficial" editoriales (y obras) que hacen a las nuevas generaciones o a los primeros libros de autores contemporáneos. Las editoriales de poesía, en su mayoría independientes (salvo las grandes, que sólo publican poetas mayores y consagrados), tienen poco espacio y los lectores del género sufren esta mezcla de discriminación y orgullo herido. Recién este año se abrió un pequeño espacio, aunque es muy prematuro para saber si pasará de ser un mínimo intento a tener un futuro más acomodado y consecuente.

Este año, la Feria se realizó por 32ª vez consecutiva. Inaugurada en 1974, nunca fue interrumpida, ni siquiera en los años más difíciles del país: en 1976, la 2ª edición tuvo lugar semanas después del golpe de estado del 24 de marzo que instauró la sangrienta dictadura militar que dinamitó gran parte de la cultura del país y que implantó ferozmente la idea que leer es un acto peligroso y subversivo. Más cerca en el tiempo, las jornadas de abril de 2002, en las que editoriales, autores y público se encontraban sumergidos en el espíritu y las consecuencias del fatídico fin de año anterior, con el estallido social y las muertes en las calles aún latentes. En estos últimos años, en un contexto de recomposición de la actividad editorial, continúa su tradición fortaleciéndose. Bajo el lema "Libros sin fronteras", la Feria Internacional del Libro 2007 ya está en marcha y por primera vez será inaugurada por un autor extranjero. Será el momento en el que el mexicano Carlos Fuentes brinde su discurso y dé por comenzada la celebración más importante del mercado del libro y la lectura en la Argentina.

 

El festival alternativo

Pero como en esas reuniones entre los gobernantes de las naciones más poderosas, la Feria del Libro posee su contra-cumbre. Ésta enuncia y muestra lo que la cita oficial no difunde y permite que celebrar un encuentro distinto. El Festival Latinoamericano de Poesía Salida al Mar fue creado hace tres años por poetas y editores independientes y es el único festival internacional de poesía que se realiza en Buenos Aires. Semejante título se asienta en un decidido trabajo de organización y en la austeridad para lograr un intenso acercamiento entre poetas del continente, editores independientes y un público fervoroso y consciente de que esta no es una reunión más.

La premisa latinoamericana le ha dado al encuentro gran parte de su identidad y es motivo de conjunción entre poetas que trabajan con el mismo idioma, que surcan por territorios parecidos y con problemáticas que se pueden asociar desde diferentes lugares. Desde su nombre, alude a una unidad superadora de los límites y los encierros: Salida al mar hace referencia al problema geopolítico que vive Bolivia desde que perdió su salida al océano luego de un conflicto bélico que incluyó a Chile y Perú. Frente a esto, los organizadores responden. "Sabemos que el título es espinoso, pero no da para callarse. En principio, porque la poesía es nuestra salida al mar". Otra definición no muy correcta identifica a este conjunto de poetas con el calificativo que utiliza el presidente venezolano Hugo Chávez para denominar a su gobierno y su ideología. "Bolivarianos desocupados, queríamos un festival para reunir nuestros esfuerzos. Reunir nuevas voces, llegar a otras ciudades. Queremos una poesía que circule", define Cristian de Nápoli, poeta contemporáneo, editor de sello Black & Vermelho y uno de los organizadores del Festival año tras año. Ese manifiesto también se corresponde en la gratuidad del ingreso a las lecturas y a las charlas y en la heterogeneidad de los participantes. "Nosotros buscamos el pluralismo, la diferencia, nos preocupa más la calidad poética que nuestros propios gustos personales" responde María Medrano, poeta argentina y otra responsable de la organización, en una reportaje para el diario Página/12 . Otro paso en ese camino fue la ampliación de los límites generacionales de los participantes. "En realidad, no buscamos hacer recortes estrictos en cuanto a generaciones o estéticas. Sólo nos interesa escuchar a los buenos poetas", aclara Medrano. En la última edición, la apertura se tradujo en un homenaje al poeta argentino Leónidas Lamborghini y su lectura ante un auditorio colmado y absorto que escuchó el canto del viejo poeta, hoy reconocido por los jóvenes como una de las mayores influencias de la nueva sensibilidad. Por motivos coincidentes se invitó a los argentinos Juana Bignozzi y Hugo Padeletti, a los chilenos Raúl Zurita y José Ángel Cuevas y al uruguayo Roberto Echevarren, todos enormes poetas, pero de menor edad que Lamborghini.

El círculo de creadores y organizadores se completa con Elizabeth Neira, poeta chilena que vive en Buenos Aires y que participó en la creación del Festival hace tres años, y Timo Berger, el poeta alemán que, enamorado de las letras argentinas, decidió vivir y trabajar en este rincón del planeta. Ella opina que "lo importante es la reunión en un solo espacio de estéticas tan diversas como lo son los orígenes de los autores, y disolver así las estructuras de gueto de los círculos literarios". Por último, se suma la colaboración de Washington Cucurto y Daniel García Helder de la Casa de la Poesía de la Ciudad y otros apoyos importantes, como los del Instituto Goethe y del Centro Cultural de España en Buenos Aires, cuyas instalaciones fueron las sedes de los últimos encuentros y que permitió que hubiera una mayor cantidad de invitados. En 2004 se presentaron poetas jóvenes y contemporáneos de Argentina, Costa Rica, Perú, Chile, Uruguay y Brasil; en 2005, se sumaron poetas de Bolivia y México; y en 2006, la convocatoria llegó hasta Colombia y Paraguay. Algunos nombres son los de los locales Bárbara Belloc, Marina Mariasch, Martín Gambarotta, Santiago Llach, Gabriela Bejerman, Rodolfo Edwards, Ezequiel Alemián y Fabián Casas; de los poetas peruanos Roxana Crisólogo, Elma Murrugarra, Erika Ghersi, Victoria Gutierrez y Miguel Ildefonso; de los de Bolivia, Juan Mac Lean, Rodolfo Ortiz, Marcia Mogro y Jessica Freudenthal; de los poetas chilenos Germán Carrasco, Yanko González, Sergio Parra y Diego Ramírez; del Brasil han venido Douglas Dieguez, Angélica Freitas y Camilla do Valle; de México, Rocío Cerón, Julián Herbert, Hernán Bravo, y Pedro Serrano; y estuvieron la colombiana Andrea Cote, el uruguayo Leandro Costas Plá, el paraguayo Jorge Kanese y, de Centroamérica, los poetas costarricenses Luis Chávez y María Montero.

 

Conclusiones

La poesía argentina ha generado en la última década una notable presencia de poetas, editoriales y encuentros que no se han correspondido con igual intensidad en la narrativa. El reconocimiento por parte del Festival a este impulso renovador completa lo que la Feria no promueve ni puede: las nuevas búsquedas estéticas, las nuevas ideologías, las que tratan de abrir otros caminos, otros circuitos de comunicación. Las jornadas de Salida al mar marcan el momento y el lugar de la celebración del conjunto, con sus lecturas, perfomances y exhibiciones de video-poemas, consolidándose, en poco tiempo, como referencia imprescindible de las nuevas poéticas, y siendo ya uno de los festivales de poesía más importantes del continente. Con formas diferentes, la institucional Feria del Libro sigue caminando junto a las editoriales grandes y medianas, apoyada por los organismos del sector y los grandes medios de comunicación, y promoviendo la lectura de los autores clásicos y los instalados, con la narrativa y los libros prácticos como punta de lanza de su visión comercial y con poco recambio estético.

El Festival y la Feria , la Feria y el Festival, como sus nombres lo apuntan, son dos eventos pensados desde diferentes concepciones. Pero más allá de sus diferencias, son indispensables para entender un poco más la literatura argentina contemporánea. Con sus distintos invitados, con sus rasgos de intensidad, con sus ventas a gran escala o con sus lecturas hipnotizantes, los dos marcan parte del pulso literario de Buenos Aires. Se suceden con días de diferencia y, por unas semanas, hacen que la primera parte del año sea cada vez más poética y estimulante en esta bella ciudad.


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